Mis montañas / Joaquin V. González
Detalles de publicación: Buenos Aires : Kapelusz, 1965Descripción: 167 pTema(s): Nota: SINOPSIS: Cuando es un artista el que se acerca al rostro singular de un trozo de geografía, la visión, sin perder su concreción específica, se vuelve universal, de modo que todos los ojos, más allá de las distancias y de los accidentes geográficos, saben reconocerse en ese espacio, así, tan hondamente captado. Es lo que sucede con Mis montañas, de Joaquín V. Gonzáles. La tierra, mujer esquiva, sólo se entrega a quien sabe estrecharla con la mirada del amor. Entonces abandona colores, formas, perfumes, esencias eternamente presentes pero hasta entonces inadvertidas. González recibió, en las soledades de La Rioja, esas voces secretas, esas músicas que el ponerse místicamente ante la realidad suele abrir. Y, con la conciencia de una justicia, de una generosidad que busca hacer partícipes de su encuentro, nos muestra el resultado del sumergimiento. Personas, lugares, costumbres, escenas, animales, desfilan con su carga de luz y su emotividad sugerente.| Imagen de cubierta | Tipo de ítem | Biblioteca actual | Biblioteca de origen | Colección | Ubicación en estantería | Signatura topográfica | Materiales especificados | Info Vol | URL | Copia número | Estado | Notas | Fecha de vencimiento | Código de barras | Reserva de ítems | Prioridad de la cola de reserva de ejemplar | Reservas para cursos | |
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Libro
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Biblioteca Municipal | Domiciliario | 929 G643Jmo (8235) (Navegar estantería(Abre debajo)) | Disponible | 6267 |
SINOPSIS: Cuando es un artista el que se acerca al rostro singular de un trozo de geografía, la visión, sin perder su concreción específica, se vuelve universal, de modo que todos los ojos, más allá de las distancias y de los accidentes geográficos, saben reconocerse en ese espacio, así, tan hondamente captado. Es lo que sucede con Mis montañas, de Joaquín V. Gonzáles. La tierra, mujer esquiva, sólo se entrega a quien sabe estrecharla con la mirada del amor. Entonces abandona colores, formas, perfumes, esencias eternamente presentes pero hasta entonces inadvertidas. González recibió, en las soledades de La Rioja, esas voces secretas, esas músicas que el ponerse místicamente ante la realidad suele abrir. Y, con la conciencia de una justicia, de una generosidad que busca hacer partícipes de su encuentro, nos muestra el resultado del sumergimiento. Personas, lugares, costumbres, escenas, animales, desfilan con su carga de luz y su emotividad sugerente.
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