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La muerte de la ciencia política

Por: Idioma: Español Detalles de publicación: : Sudamericana, 2008ISBN:
  • 9789500730044
Tema(s): Nota: El siguiente es un fragmento de La muerte de la ciencia política, ensayo con el que César Cansino obtuvo el Premio Ensayo LA NACION Sudamericana 2008. Desde sus inicios, la ciencia política ha estado obsesionada en ofrecer una definición empírica de la democracia y si bien ha logrado avances significativos al respecto, estos han sido más bien limitados y parciales. La novedad conceptual más reciente en esa dirección son los estudios sobre la calidad de la democracia. Sin embargo, este enfoque ha terminado por violentar las pretensiones de avaloratividad originales de la ciencia política desde el momento que incluye en su definición aspectos claramente normativos. A continuación desarrollaré este argumento en detalle con el objetivo de reconocer los límites del conocimiento empírico de lo político. Más precisamente, me propongo en este capítulo evaluar la pertinencia del enfoque politológico sobre la calidad de la democracia, considerado a final de cuentas como un modelo ideal entre otros posibles, en contraste con otros modelos no necesariamente empíricos elaborados para medir, explicar las democracias realmente existentes. Anticipo que mi posición será crítica, pues el modelo politológico sale mal librado de la confrontación con otros modelos alternativos de democracia y que, paradójicamente, la ciencia política siempre descalificó por especulativos, irreales o utópicos. Mi crítica más que metodológica (la mayor o menor pertinencia empírica de los criterios adoptados por el modelo de calidad de la democracia para medir a las democracias realmente existentes) considerará más bien el potencial explicativo de este modelo en comparación con otros. Mi tesis es que, al estar atrapado en una búsqueda fundamentalmente empírica, el modelo de calidad democrática pierde buena parte de su capacidad explicativa, pues el verdadero desafío en la actualidad no es medir a las democracias realmente existentes para ver cuál es la mejor o la más buena de entre ellas, sino adoptar criterios sugerentes para establecer cuán democráticas pueden llegar a ser en el futuro.
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Libro Biblioteca Municipal Domiciliario 82-4 C228Cmu (8573) (Navegar estantería(Abre debajo)) Disponible 7669

El siguiente es un fragmento de La muerte de la ciencia política, ensayo con el que César Cansino obtuvo el Premio Ensayo LA NACION Sudamericana 2008. Desde sus inicios, la ciencia política ha estado obsesionada en ofrecer una definición empírica de la democracia y si bien ha logrado avances significativos al respecto, estos han sido más bien limitados y parciales. La novedad conceptual más reciente en esa dirección son los estudios sobre la calidad de la democracia. Sin embargo, este enfoque ha terminado por violentar las pretensiones de avaloratividad originales de la ciencia política desde el momento que incluye en su definición aspectos claramente normativos. A continuación desarrollaré este argumento en detalle con el objetivo de reconocer los límites del conocimiento empírico de lo político. Más precisamente, me propongo en este capítulo evaluar la pertinencia del enfoque politológico sobre la calidad de la democracia, considerado a final de cuentas como un modelo ideal entre otros posibles, en contraste con otros modelos no necesariamente empíricos elaborados para medir, explicar las democracias realmente existentes. Anticipo que mi posición será crítica, pues el modelo politológico sale mal librado de la confrontación con otros modelos alternativos de democracia y que, paradójicamente, la ciencia política siempre descalificó por especulativos, irreales o utópicos. Mi crítica más que metodológica (la mayor o menor pertinencia empírica de los criterios adoptados por el modelo de calidad de la democracia para medir a las democracias realmente existentes) considerará más bien el potencial explicativo de este modelo en comparación con otros. Mi tesis es que, al estar atrapado en una búsqueda fundamentalmente empírica, el modelo de calidad democrática pierde buena parte de su capacidad explicativa, pues el verdadero desafío en la actualidad no es medir a las democracias realmente existentes para ver cuál es la mejor o la más buena de entre ellas, sino adoptar criterios sugerentes para establecer cuán democráticas pueden llegar a ser en el futuro.

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