SINOPSIS: En aquella época, era, con diferencia, la mujer más hermosa de Châtillon, y sin duda también de muchos otros lugares. Alguien que la conocía bien en aquel entonces me dijo: «¡Era tan hermosa como este martillo!». Y me enseñó el martillo que llevaba veinte años usando (era zapatero), un martillo cuyo mango era de una madera tan suave como el satén por tanto tiempo, y cuyo hierro, tan a menudo golpeado, brillaba como el oro blanco. Y, además, siempre era afable y amable.