RESEÑA: Alberto Moravia estuvo trabajando en esta novela esporádicamente durante los últimos diez años de su vida. Al final dejó una versión definitiva formada por 203 folios numerados y escritos a pluma. El libro se publicó un años después de su muerte, en 1991, por lo que puede considerarse su testamento literario, su despedida, y para ello, este escritor siempre agridulce, incómodo, que hurga en las heridas de la vida escogió como tema los celos. Lorenzo es un periodista que tiene que ir a Gabón a realizar un reportaje. Le propone a su joven mujer, Nora, flexible y de ojos felinos, que le acompañe y le responde que no le apetece mucho ir, que no sabe si irá con él. Al final, decide viajar porque tiene el presentimiento de que en África ocurrirá algo. Ese algo es Colli, un colega que acompaña a Lorenzo, que también viaja con su mujer, Ada. A partir de ahí, la novela se desarrolla y crece en dos planos. Por un lado, Nora coquetea descaradamente con Colli, que parece corresponderle; el intercambio de parejas es continuo en las más variadas situaciones y casi cada párrafo incluye una vuelta de tuerca adicional de crueldad y sufrimiento para Lorenzo. Por otro lado, la acción tiene un ritmo muy alto, trepidante. El viaje se desarrolla a toda velocidad y el lector disfruta de las descripciones rápidas como ráfagas de un Gabón colorido, exótico y lleno de sabores y olores fuertes. Se trata de la historia de un amor salvaje, algo despiadado y cruel, feroz, descrito con un toque de brutalidad, casi a lo Bukovski, contada con una prosa magnífica y directa, seca y casi cortante, en un entorno africano que rima muy bien con lo que va pasando. Así avanza el libro, hasta un desenlace inesperado y súbito, que deja la situación abierta y a Lorenzo tan enamorado de su esposa como al principio y lleno de dudas. ¿Su mujer es demasiado inocente o excesivamente descarada?