RESEÑA: En enero de 1999 se cumplen diez años de la muerte de Bruce Chatwin, y a finales de ese mismo año habrán pasado veinticinco desde que emprendiera su primer viaje por la Patagonia y, con él, su exitosa carrera como escritor, que cambiaría el concepto de la literatura de viajes. Entre el verano de 1997 y mediados de 1998, Adrián Giménez Hutton realizó tres viajes por la Patagonia, en los que recorrió casi 10.000 kilómetros reconstruyendo minuciosamente la trayectoria de Chatwin. Visitó cada uno de los lugares que el escritor consigna en su libro En la Patagonia, siguió el texto línea por línea, entrevistó a quienes lo conocieron o a sus descendientes y allegados, tomó apuntes y sacó fotografías, llevando a cabo una pesquisa sin precedentes. La Patagonia de Chatwin se convierte, asimismo, en una crónica de viaje construida a partir de las experiencias propias del autor. Como en la obra de Chatwin, las descripciones de lugares y situaciones se mezclan con diálogos o declaraciones de los personajes, que a su vez confirman, desmienten o amplían los relatos. Así, se reviven historias como la del Rey de la Araucanía y el actual pretendiente al trono; la colonización galesa; Butch Cassidy y los bandidos americanos; las huelgas en la Patagonia; la Ciudad Encantada de los Césares; Magallanes y los patagones; las expediciones de Drake y Cavendish; las leyendas de Chiloé; Darwin, los yáganes y los anglicanos en Tierra del Fuego; el Faro del Fin del Mundo y el presidio de Ushuaia; la cueva del milodón; las batallas navales en Malvinas y en el Cabo de Hornos durante la Primera Guerra Mundial, o las expediciones antárticas, entre otras. Después de un cuarto de siglo, salvo las personas que han muerto, casi nada ha cambiado: los lugares y los personajes siguen allí, y las anécdotas se mantienen frescas en la memoria. La Patagonia de Chatwin, de Giménez Hutton, rescata la originalidad y la riqueza del libro de Chatwin sobre aquel ridículo viaje y va más allá. Se convierte en una obra imprescindible para los lectores del intrépido inglés, pero también colma las expectativas de quienes se sienten seducidos por el encanto de las tierras patagónicas.