RESEÑA: Palabras del autor: En mi libro âNotas sobre poesíaâ intenté preguntarme y contestarme con la mayor precisión posible estas cuestiones. El hilo conductor de esas indagaciones es el misterio, y también la intuición. Si pienso en un libro, en su estructura, el procedimiento es más racional, y se organiza a partir de ciertos estímulos del pensamiento y del gusto personal, es decir tratar de escribir aquello que me gustaría leer, esto es, la preexistencia del texto. En cambio en los poemas, en cada poema, el proceso de escritura está más oculto, y sus derivaciones dependen de motivaciones que responden a lo intuitivo, y a las pulsaciones del cuerpo. Eso que llamamos âinspiraciónâ es un flujo activo de nuestras sensaciones que tiene que ver con la necesidad irrenunciable y fatal de sentarse a escribir un texto. En todo proceso creativo hay, a mi entender, un lugar que corresponde al desconocimiento de lo que estamos haciendo, por eso escribir es y será siempre descubrir, correr un velo. Tener la posibilidad de una efímera sensación de felicidad que nos da esa revelación intentada. En cuanto a autores o referencias que pueda aportar, pienso por ejemplo en la inmovilidad y la resta de Beckett en su escritura, su silencio activo y ordenador de un universo que se adivina como la imposibilidad de ir más allá del balbuceo, que ya estaba en Kafka. Pienso también irremediablemente en Artaud y su cuerpo como catalizador de un mundo expresivo potenciado en el dolor y la exaltación. Y aunque más visibles, y cercanos, tenemos a Viel Temperley y a Pizarnik, entre muchos otros, porque al escribirâ¿quién no pone, no expone el cuerpo como reflejo de su esencia más totalizadora?